Thom van Dooren defiende una ‘ética multiespecie’ para abordar la crisis de biodiversidad desde las humanidades ambientales, tras recibir el Premio Biophilia
Thom van Dooren ha defendido el valor de las humanidades ambientales para articular una “ética multiespecie” que otorgue una consideración moral a “todos los seres vivos con los que compartimos el planeta”, durante la ceremonia de entrega del VII Premio Biophilia. El catedrático de la Universidad de Sídney (Australia) ha sido distinguido con el galardón de la Fundación BBVA por su “papel central” para “comprender y abordar la extinción de especies” así como para repensar “la relación de la humanidad con la naturaleza” desde la filosofía y la ética, en palabras del jurado. Tras recibir este reconocimiento en una ceremonia celebrada en el Palacio del Marqués de Salamanca —sede madrileña de la Fundación BBVA—, Van Dooren ha pronunciado una conferencia titulada Filosofía de la extinción, centrada en explicar cómo las humanidades ambientales pueden contribuir a identificar, comunicar y afrontar con mayor eficacia las obligaciones éticas que se derivan de la crisis global de biodiversidad.
6 febrero, 2026
“Concibo mi trabajo como una filosofía de campo”, ha explicado, “que combina los conocimientos de las humanidades con las ciencias naturales y la investigación etnográfica con comunidades locales para comprender qué significa la extinción, por qué es importante y qué exige de nosotros”.
“Thom van Dooren ha realizado una contribución excepcional a las humanidades ambientales, tanto en el mundo académico como para el público general, a través de narrativas fascinantes y reveladoras que fusionan —o, por usar una de sus palabras favoritas, entrelazan— la vida humana y la no humana, mostrando no solo lo que estamos perdiendo, sino que todavía estamos a tiempo de salvar”, ha resaltado el profesor Richard Kerridge, coordinador de Estudios de Posgrado y Gestión de la Investigación en la Escuela de Escritura, Edición y Humanidades de la Universidad de Bath Spa (Reino Unido) y miembro del jurado, en la laudatio del premiado que ha pronunciado al inicio de la ceremonia.
El Premio Biophilia de la Fundación BBVA, dotado con 100.000 euros, distingue la labor de profesionales y organizaciones en cualquier lugar del planeta que contribuyan a repensar la relación de los humanos con la naturaleza desde las disciplinas humanísticas y las ciencias sociales. El objetivo es reconocer narrativas e interpretaciones que, estando apoyadas o siendo compatibles con el conocimiento de las ciencias del medio ambiente, contribuyan al modelado de las perspectivas, marcos conceptuales y valores medioambientales del conjunto de la sociedad.
Una “filosofía de campo” frente a la extinción masiva de especies
A lo largo de las últimas dos décadas, el profesor Van Dooren ha explorado los diversos contextos sociales en los que se está produciendo la crisis global de extinción, analizando el valor y los múltiples significados que tienen las especies amenazadas desde la perspectiva de cada cultura, así como los impactos que puede provocar la desaparición de un animal o una planta sobre los modos de vida de los humanos con los que conviven.
El objetivo de la “filosofía de campo” que caracteriza su obra es analizar sobre el terreno no solo los daños ecológicos, sino también los impactos sociales, económicos, políticos y culturales que produce cada proceso concreto de extinción con el fin de articular la respuesta ética más apropiada y diseñar la mejor estrategia de conservación.
Catedrático de Humanidades Ambientales en la Facultad de Humanidades y el Sydney Environment Institute de la Universidad de Sídney (Australia), desde 2024 Van Dooren es también Humboldt Research Award Fellow en el Centro Multidisciplinar para Estudios Ambientales en Humanidades (MESH) de la Universidad de Colonia (Alemania). Doctor por la Universidad Nacional de Australia, entre 2011 y 2017 fue uno de los fundadores del grupo de Humanidades Ambientales de la Universidad de Nueva Gales del Sur, donde se estableció la primera titulación universitaria de Australia (y una de las primeras del mundo) en este campo multidisciplinar, antes de trasladarse en 2018 a la Universidad de Sídney.
Además, su papel clave en la configuración de las humanidades ambientales se refleja en su participación en 2012 en la fundación de Environmental Humanities (Duke University Press), la primera revista académica internacional dedicada exclusivamente a la investigación en este campo multidisciplinar emergente, que editó hasta 2020.
En el contexto de la actual crisis global de biodiversidad, Van Dooren define su trabajo como un proyecto filosófico para contribuir al abordaje de reto global desde las humanidades ambientales: “Vivimos en lo que muchos expertos ya consideran una extinción masiva y creo que este proceso provocado por la acción humana exige que asumamos ciertas responsabilidades y obligaciones éticas. Un objetivo central de mi investigación ha consistido en comprender cuáles son esas obligaciones, tanto para evitar la extinción de especies siempre que sea posible, como para proteger el bienestar de plantas y animales individuales, así como de las comunidades humanas que conviven con ellos”.
Frente a este desafío, Van Dooren defiende la necesidad de aplicar su “filosofía de campo” a investigar sobre el terreno toda la maraña de entrelazamientos biológicos, ecológicos, históricos, sociales, políticos, económicos y culturales que intervienen en cada proceso de extinción: “No podemos alcanzar conclusiones sólidas ni proponer soluciones eficaces para abordar la crisis de biodiversidad sin una metodología empírica que permita analizar en profundidad la complejidad de todas las variables relevantes en cada caso concreto”.
Narrativas capaces de impulsar una ética para preservar todas las formas de vida
En la conferencia pronunciada tras recibir el premio, Van Dooren ha presentado varios ejemplos de cómo ha aplicado esta metodología para analizar los contextos específicos en los que se producen extinciones de especies y las lecciones éticas que pueden derivarse de ellos. En primer lugar, ha detallado el fascinante mundo sensorial de las especies amenazadas de caracoles en Hawái, a las que dedicó su último libro A World in a Shell: Snail Stories for a Time of Extinctions (“Un mundo en una concha: historias de caracoles en una época de extinciones”, MIT Press, 2022). Estos animales ciegos y sordos “dependen de modos de percepción muy diferentes a los de los humanos”, basados en la información química que recogen los tentáculos en su cabeza. El insólito microcosmos de estímulos químicos en el que viven los caracoles es “uno de los incontables mundos sensoriales de los que se compone nuestro planeta vivo”, ha señalado Van Dooren, y refleja cómo “lo que se pierde con la extinción es todo un mundo”. Por ello, para el filósofo premiado un objetivo central de las humanidades ambientales debe ser precisamente explicar todo lo que implica la desaparición de otras formas de vida.
Para ejemplificar el valor cultural que puede tener una especie amenazada en un contexto social concreto, Van Dooren ha recordado el impacto que tuvo la desaparición de los buitres sobre las tradiciones funerarias en la comunidad parsi de la India, una cuestión analizada en su primer libro Flight Ways: Life and Loss at the Edge of Extinction (“Vías de vuelo: vida y pérdida al borde de la extinción”, Columbia University Press, 2014): “Durante miles de años, los parsis y sus antepasados zoroástricos en Persia han colocado los cadáveres de sus muertos dentro de torres de piedra para exponerlos a los rayos purificadores del sol y a los picos de los buitres. A medida que estas aves han desaparecido, esa práctica se ha vuelto prácticamente imposible”. Esto refleja cómo la pérdida de cada especie es “un proceso de desintegración biocultural que afecta de diversas maneras a los seres humanos y a los no humanos”, y por ello el papel de las humanidades ambientales es imprescindible para comprender los impactos de cada extinción en todas sus dimensiones.
La paradoja ética de los “cuidados violentos” para conservar especies
El filósofo galardonado también se ha referido a las complejas paradojas éticas que pueden provocar los esfuerzos para conservar especies gravemente amenazadas, otra de sus principales líneas de investigación filosófica. Por ejemplo, para salvar a las grullas trompeteras de Norteamérica, se diseñó un programa de cría en cautividad en el que —ante la ausencia de aves adultas que pudieran enseñar las rutas migratorias a las crías— sus cuidadores humanos les enseñaron a migrar con ayuda de aviones ultraligeros: “Para que la especie pudiera sobrevivir de esta manera, muchas aves vieron obligadas a vivir toda su vida en entornos de cautividad, sometidas a un estrés continuo, incluido el provocado por procesos de inseminación artificial”. Este es un claro ejemplo —ha señalado Van Dooren— de cómo en muchos casos la conservación de una especie puede implicar también el sufrimiento de otros seres vivos, un fenómeno que en su obra ha definido como la aplicación de “cuidados violentos”.
En cada intervención de este tipo, el filósofo ha resaltado el “conflicto ético” que se produce entre la obligación de intentar evitar la extinción de una especie y la exigencia de proteger el bienestar de cada animal individual. Por ello, ha incidido en la importancia de analizar las especificidades de cada contexto concreto para decidir cuál es el mejor camino a seguir, en vez de aplicar de antemano una conclusión ética y derivar de ella una estrategia de conservación.
“No hay dos eventos de extinción idénticos. Por lo tanto, al igual que necesitamos un análisis empírico detallado para comprender lo que se pierde con cada extinción y los múltiples significados e impactos de esa pérdida, también necesitamos enfoques específicos para las cuestiones éticas que plantea la conservación en cada contexto concreto”, ha recalcado Van Dooren. Por ello, el galardonado ha defendido la importancia de una filosofía ambiental que “se levante de la butaca” y analice sobre el terreno todos los factores ecológicos, sociales y culturales que permitan articular una respuesta ética apropiada para cada especie amenazada.
Desde esta óptica, Van Dooren ha concluido su conferencia enfatizando que las humanidades ambientales pueden y deben desempeñar un papel clave para afrontar la crisis global de biodiversidad, a través de narrativas concebidas no solo para especialistas del mundo académico, sino para el conjunto de la sociedad: “Cuando se cuentan bien, las historias son una herramienta fundamental para que las ideas lleguen lejos. Tienen el potencial de ser memorables, accesibles y atractivas para un público más amplio. Espero sinceramente que las historias que contamos mis colegas y yo puedan marcar una diferencia en el mundo. Que podamos impulsar nuevas formas de comprender lo que significa la extinción, por qué es importante, por qué debemos responder y cómo podemos hacerlo de manera que tome en serio el florecimiento de comunidades multiespecie”.
Sobre la Fundación BBVA y el Premio Biophilia
Desde hace dos décadas, la protección de nuestro planeta ha sido un área de actuación prioritaria para la Fundación BBVA, a través del apoyo a la investigación científica, a proyectos de conservación de especies, hábitats y ecosistemas, el fomento de la cultura medioambiental del público y el reconocimiento de los profesionales de la comunicación que contribuyen de manera decisiva a la comprensión y el compromiso individual y colectivo de los desafíos ecológicos de nuestro tiempo.
En 2004 nacieron los Premios Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad, que reconocen actuaciones en defensa de la naturaleza en España y a escala mundial, así como la comunicación y sensibilización medioambiental.
Los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, creados en 2008, reconocen la excelencia científica en una categoría dedicada al Cambio Climático y las Ciencias del Medio Ambiente, en pie de igualdad con los demás campos de investigación y creación cultural representados por estos galardones internacionales: las ciencias básicas, la biomedicina, las tecnologías de la información, la economía, las humanidades, las ciencias sociales y la música.
En 2019 la Fundación BBVA creó el Premio Biophilia con el objetivo de reconocer la labor de profesionales y organizaciones de cualquier lugar del planeta que contribuyan de manera excepcional a mejorar la comprensión y sensibilización pública de los desafíos ecológicos.
El nombre del premio alude a la hipótesis de la biophilia propuesta por el naturalista Edward O. Wilson, Premio Fronteras del Conocimiento en Ecología y Biología de la Conservación 2010, que quiere denotar la profunda conexión que los humanos sienten de manera instintiva con la naturaleza y todas las formas de vida.
En 2024 el Premio Biophilia amplió y especificó el perímetro conceptual del galardón, al incluir de manera expresa y preferente aportaciones que contribuyan a repensar la relación de los humanos con la naturaleza desde las humanidades y las ciencias sociales.
A partir de su próxima convocatoria, el Premio Biophilia se integrará en los Premios Biodiversidad Fundación BBVA, la nueva denominación de los Premios a la Conservación de la Biodiversidad desde su XXI edición, que se acaba de abrir en enero de 2026. Esta familia de galardones se enmarca dentro del Programa Biodiversidad, que engloba toda la actividad de la Fundación para promover la preservación de la vida en el planeta.
Jurado
El jurado de esta edición ha estado presidido por Rodolfo Dirzo, titular de la Cátedra Bing de Ciencias Ambientales y Senior Fellow en el Stanford Woods Institute for the Environment de la Universidad de Stanford (EEUU), y ha contado como vocales con Silvia Churruca, directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Fundación BBVA; Pablo Jáuregui, director de Comunicación Científica y Medioambiental de la Fundación BBVA; Richard Kerridge, coordinador de Estudios de Posgrado y Gestión de la Investigación en la Escuela de Escritura, Edición y Humanidades de la Universidad de Bath Spa (Reino Unido); Lydia Millet, escritora y conservacionista del Center for Biological Diversity (Tucson, Arizona, EEUU); María Isabel Pérez Ramos, investigadora Ramón y Cajal en Filología Inglesa, Francesa y Alemana en la Universidad de Oviedo.