Investigadores reunidos en la Fundación BBVA reclaman una normativa internacional para salvaguardar los servicios que prestan los océanos
Las sociedades actuales tienen una dependencia cada vez mayor de los océanos: 3.000 especies marinas se destinan a alimentación, se han descrito más de 18.000 compuestos de origen marino con posible utilidad farmacéutica, y ya se han solicitado patentes sobre 4.900 secuencias de ADN. Además, los ecosistemas marinos capturan de la atmósfera una cantidad de carbono equiparable a la mitad de las emisiones anuales del sector del transporte mundial y protegen las costas. Por este motivo, los oceanógrafos participantes en el debate sobre uso de recursos marinos celebrado en la Fundación BBVA consideran muy urgente el desarrollo de una normativa internacional que proteja estos tesoros marinos, y garantice un reparto equitativo de beneficios.
12 noviembre, 2009
En esta jornada se ha analizado también el informe sobre el papel de los océanos como sumideros de CO2 recién publicado por Naciones Unidas, en cuya redacción ha participado Carlos Duarte, coordinador del debate. El informe Blue Carbon revela que los ecosistemas marinos capturan de la atmósfera una cantidad de carbono equiparable a la mitad de las emisiones anuales del sector del transporte mundial, pero advierte también de que el deterioro de estos sumideros azules de carbono está siendo muy rápido: cada año se pierde el 7%.
El encuentro El papel de los ecosistemas marinos en la provisión de bienes y servicios a la sociedad constituye el V Debate sobre Biología de la Conservación Fundación BBVA-Estación de Investigación Costera del Faro de Cap Salines y ha congregado a seis prestigiosos oceanógrafos: Carlos Duarte (IMEDEA y Laboratorio Internacional de Cambio Global), Susana Agustí y Jesús María Arrieta (IMEDEA), Juan Carlos Castilla y Stefan Gelcich (Universidad Católica de Chile y Laboratorio Internacional de Cambio Global) e Íñigo Losada (Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria).
Otro de los asuntos debatidos es la gestión de las pesquerías y la importancia de que la acuicultura se desarrolle en ciclos cerrados. De esta forma, las especies cultivadas se nutren de otras también producidas en la granja y se evita expoliar recursos salvajes. Además, los expertos resaltan la importancia de los ecosistemas como las barreras coralinas o las marismas para proteger las costas de la erosión asociada al aumento del nivel del mar y a otros fenómenos relacionados con el cambio climático.
En opinión de los participantes en el debate, estas políticas de protección, que se han desarrollado para evitar la sobreexplotación de especies comestibles, deben abordar también cuestiones como la biopiratería, la propiedad de los recursos biológicos en aguas internacionales o el reparto de beneficios. En la actualidad, lo que se patenta no es la secuencia del gen, sino su utilización. Lo habitual es patentar aplicaciones de un gen en áreas como la biotecnología, la medicina o la ingeniería genética (por ejemplo, para mejorar el crecimiento de especies comerciales) o en procesos industriales (el gen de un organismo que vive a más de 70º C puede ser útil en procesos que requieran altas temperaturas).
Sumideros azules amenazados
En los acuerdos internacionales sobre el clima se contabilizan los sumideros terrestres y existe un mecanismo de compensación por el que es posible pagar a países en vías de desarrollo para evitar la deforestación. Pero los expertos reunidos en la Fundación BBVA insisten en que deben tenerse en cuenta también los sumideros azules, ya que son un mecanismo clave de lucha contra el calentamiento global. Si se combinaran las actuaciones antideforestación con las dirigidas a restaurar los ecosistemas marinos –señala el informe de Naciones Unidas–, se lograría un 25% de la reducción de emisiones de carbono necesaria para evitar un cambio climático extremo.
Cada año se pescan 100 millones de toneladas de peces en el planeta, una cifra que “ha llegado a un límite máximo, más allá del cual no podrá sostenerse”, afirma Juan Carlos Castilla, galardonado en 2006 con el premio de la Fundación BBVA a la Investigación en Ecología y Biología de la Conservación. Sin embargo, las políticas locales de los gobiernos, más que las globales, “pueden detener las extracciones desenfrenadas”, opina Castilla, que pone a Chile como ejemplo. Su colega Stefan Gelich se muestra de acuerdo: “Es posible revertir la sobreexplotación de recursos marinos, proteger la biodiversidad y generar conciencia ambiental cuando se incluye y formaliza la participación de pescadores y otros actores claves en el diseño, manejo y control de medidas de administración”.
Iñigo Losada, por su parte, resalta el papel de los ecosistemas marinos en la protección de la costa: “Por ejemplo las marismas reducen la energía que finalmente impacta sobre las comunidades costeras y generan por tanto un servicio de protección semejante al de los diques artificiales”. Una evaluación reciente concluye que las marismas costeras protegen las costas estadounidenses de los huracanes como lo harían diques construidos con un coste de 24.000 millones de dólares.