CEREMONIA DE ENTREGA DE LA XIV EDICIÓN DE LOS GALARDONES

Los Premios a la Conservación de la Biodiversidad reclaman un mayor compromiso colectivo e individual para afrontar la crisis ambiental

Solo implicando a toda la sociedad será posible paliar la grave crisis de biodiversidad que está diezmando la vida en el planeta. Este ha sido uno de los principales mensajes lanzados durante la ceremonia de entrega de la XIV edición de los Premios a la Conservación de la Biodiversidad de la Fundación BBVA, celebrada este jueves en la sede madrileña de la Fundación BBVA. En la gala se ha reconocido el poder inspirador y transformador de actitudes de los galardonados, además de su esfuerzo por la conservación de ecosistemas y especies.

21 noviembre, 2019

Convocatoria

XIV Premios Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad

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Joaquín Gutiérrez Acha

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Instituto Jane Goodall

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FAPAS

Discurso de clausura (PDF)

Rafael Pardo, director de la Fundación BBVA

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Discurso de Rafael Pardo, director de la Fundación BBVA

En esta XIV edición los ganadores son el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS), por proteger las especies y los ecosistemas cantábricos; el Instituto Jane Goodall, por su labor en la conservación de los chimpancés y sus ecosistemas; y Joaquín Gutiérrez Acha, por la excepcional calidad de sus documentales de naturaleza.

El director de la Fundación BBVA, Rafael Pardo, ha resaltado la coincidencia de esta XIV edición de los galardones con el 50 aniversario de la llegada a la Luna, recordando el “valioso legado ambiental” que supuso la primera imagen de nuestro planeta captada desde la órbita de nuestro satélite: “El ‘descubrimiento’ de la Tierra desde el espacio impulsó en la siguiente década el activismo social abogando por la protección de un planeta frágil, de la ‘casa común de la humanidad’ – no solo en razón de la supervivencia de nuestra propia especie, sino también la de todos los demás seres con los que compartimos y cohabitamos este singular oasis de vida. Pero los avances en el cambio de percepciones, las actitudes y las conductas, no son permanentes. Es necesario reactivarlas periódicamente, buscando nuevas formas de amplificar el mensaje conservacionista basado en la evidencia y proyectarlo a la acción”.

“Por ello”, ha explicado el director de la Fundación BBVA, “el trabajo de las organizaciones y personas premiadas tiene un valor incalculable”, al contribuir a “activar en los ciudadanos el compromiso con la preservación de la naturaleza. Nos incentivan para llevar a cabo cambios individuales en nuestro estilo de vida en numerosas facetas, cambios que junto a las políticas públicas y las estrategias empresariales, pueden tener un impacto agregado decisivo para encontrar salidas a la situación actual.

Se trata, según ha recalcado Pardo, de una situación alarmante, tal y como ha demostrado la ciencia: “La expresión ‘sexta gran extinción’ no es una mera etiqueta mediática, sino una evidencia basada en la mejor investigación… Hoy cuando algún líder cuestiona la existencia de una grave crisis ambiental en realidad está exponiendo en el espacio público un modo de ver las cosas arcaico e idiosincrático, de espaldas al mejor conocimiento y a las percepciones de la gran mayoría de la población que ha hecho suyo el diagnóstico de los investigadores”.

Por todo ello, para el director de la Fundación BBVA sería “una excelente noticia” que la próxima Cumbre del Clima en Madrid, “concluyera con el compromiso firme, por parte de los dirigentes mundiales, de poner en marcha mecanismos para limitar el calentamiento global significativamente por debajo de los 2 grados centígrados de media, respecto a los niveles preindustriales”.

Compromiso sostenido

La gala de entrega de los Premios a la Conservación de la Biodiversidad se ha consolidado como punto de encuentro anual para investigadores en biología de la conservación, asociaciones ecologistas, comunicadores ambientales e instituciones implicadas en la conservación.

La protección de la naturaleza es una prioridad constante para la Fundación BBVA, que desde hace dos décadas promueve el conocimiento en ecología y biología de la conservación, las actuaciones de conservación basadas en la evidencia científica y la sensibilización de la sociedad en esta área.

Los Premios a la Conservación de la Biodiversidad fueron creados en 2004. Cuentan con 580.000 euros de dotación total, distribuidos en sus tres categorías: Conservación de la Biodiversidad en España (250.000 euros); Premio Mundial (250.000 euros); y Difusión del Conocimiento y Sensibilización (80.000 euros). El jurado de los premios, integrado por expertos científicos, comunicadores y representantes de ONGs (ver composición al final), que aportan así vivencias y perspectivas complementarias sobre la conservación de la naturaleza.

A lo largo de XIV ediciones los galardones han sido otorgados a colectivos y proyectos muy diversos, desde organizaciones que ponen el foco en especies concretas –como el lince o el  oso pardo cantábrico–, a actuaciones para preservar hábitats extensos, como el sureste peninsular o los humedales, o incluso modos de vida compatibles con el uso sostenible de los recursos, como la transhumancia.

También han sido galardonadas instituciones públicas que han demostrado una entrega absoluta a la tarea de proteger la naturaleza, como el SEPRONA y la Fiscalía de Medio Ambiente. La modalidad de Difusión y Sensibilización ha reflejado igualmente la gran variedad de maneras de amplificar el mensaje conservacionista, premiando el periodismo escrito y audiovisual, el fotoperiodismo, la ilustración y los relatos sonoros.

FAPAS: Conservación de la Biodiversidad en España

El premio a FAPAS reconoce la amplia trayectoria de esta asociación nacida en Asturias en 1982, cuando un grupo de amigos se propusieron frenar la desaparición de poblaciones de buitres en los Picos de Europa. FAPAS es hoy una de las agrupaciones más activas en la conservación de las especies más representativas de los ecosistemas cantábricos, entre ellas el oso pardo cantábrico y el lobo.

Su labor se basa en un profundo conocimiento del medio, de sus habitantes y de las relaciones de interdependencia que entablan. Para obtenerlo ha sido crucial el uso pionero por parte de FAPAS de una tecnología relativamente sencilla, pero muy eficaz: el fototrampeo, cámaras fotográficas que se activan automáticamente cuando la fauna pasa ante el objetivo.

FAPAS empezó a instalarlas a principios de los noventa, y cuenta ya con más de un centenar de cámaras automáticas que vigilan el territorio las 24 horas al día. Sus miles de fotos han documentado hallazgos con grandes implicaciones para la conservación, como el de que los osos cantábricos comen carroña cuando salen de la hibernación, y que cuando esta fuente de alimento falta crecen también los conflictos con los apicultores -los osos atacan las colmenas en busca de proteínas-.

FAPAS es además la organización que alertó de la dramática disminución en las poblaciones de abejas en la cordillera cantábrica, un problema ambiental y económico considerado hoy de primera magnitud a escala global. Las abejas sufrían el azote de un ácaro parásito introducido por abejas asiáticas importadas a Europa, y también el abandono progresivo de la apicultura de montaña, una práctica milenaria en la comarca. FAPAS lanzó iniciativas que a lo largo de estos años han logrado fortalecer la polinización en los ecosistemas de montaña, beneficiando a la vez a las abejas, los osos y los apicultores.

“Comenzamos desde la nada, cuando había un mínimo interés por la conservación de la naturaleza”, dijo en su discurso de recepción el presidente de FAPAS, Roberto Hartasánchez, que valoró “que este gran premio se nos otorgue, entre otras cuestiones, precisamente por nuestra independencia, y por la conservación del lobo, hoy una especie con grandes dificultades de encaje social”.

En su opinión las asociaciones se han vuelto “cada vez más dependientes del apoyo de las Administraciones; nosotros hemos renunciado a toda clase de fondos públicos para mantener nuestra independencia, y este premio nos permite seguir así; es un apoyo indispensable en un momento en que el movimiento ecologista está desapareciendo”.

Instituto Jane Goodall: Premio Mundial

En 1960, a la edad de 26 años, Jane Goodall se adentró en los bosques de Gombe (Tanzania) e inició sus pioneras investigaciones sobre el comportamiento de los chimpancés, bajo la supervisión del célebre antropólogo y paleontólogo británico Louis Leakey. Sus observaciones revelaron por primera vez que estos primates son capaces de fabricar y utilizar herramientas, un hallazgo revolucionario que desdibujó la frontera que tradicionalmente distinguía al ser humano de todas las demás especies animales. Goodall, además, comprobó que los chimpancés son individuos con personalidad propia, capaces de mostrar una amplia gama de emociones y sentir fuertes vínculos sociales en sus manadas que perduran en el tiempo.

A comienzos de los años noventa Goodall dio un giro a su trabajo científico y apostó por la conservación. El instituto que lleva su nombre ha impulsado desde 1994 la conservación de más de medio millón de hectáreas en los bosques donde viven los chimpancés de Tanzania, mediante la creación de nuevas áreas protegidas que cubren el 42% de su hábitat en el país africano. Sus actuaciones siempre se han basado en apoyar a las comunidades locales, ofrecerles recursos económicos, sanitarios y educativos, e involucrarlas plenamente en el desarrollo de sus proyectos.

La estrategia ha dado resultado. El declive de la población de chimpancés se ha estabilizado en el Parque Nacional de Gombe, alcanzando una media de noventa y seis individuos entre 1994 y 2016. Al mismo tiempo, el programa The Lake Tanganyika Catchment and Reforestation and Education –cuyas siglas en inglés, TACARE, se pronuncian take care, es decir, «cuidar»– ha ayudado a restaurar la fertilidad de la tierra e introducir programas de gestión del agua. El modelo ha sido replicado en otros cuatro países africanos (Congo, República Democrática del Congo, Senegal y Uganda).

“Este galardón supone un importante empujón a los esfuerzos del IJG para la conservación de los chimpancés y otra biodiversidad aplicando nuestro enfoque TACARE, que persigue que las comunidades se involucren en el proceso de toma de decisiones para la conservación”, ha afirmado en su discurso Alice Macharia, Vicepresidenta del Instituto Jane Goodall para África. En sus inicios fue un modelo “revolucionario para la época”, pero “durante las tres últimas décadas, el firme compromiso de las comunidades locales ha impulsado un crecimiento continuo de nuestro trabajo, extendiendo su impacto a otras partes de la zona de distribución de los chimpancés. Mujeres, hombres y jóvenes se han convertido en abanderados de los chimpancés y de sus hábitats”.

Joaquín Gutiérrez Acha: Difusión y Sensibilización

En sus obras, el cineasta y naturalista Joaquín Gutiérrez Acha ( Madrid, 1959) aúna rigor científico en la observación de la fauna y la flora ibéricas con una enorme belleza formal y artística. El resultado son películas como Guadalquivir (2014) y Cantábrico (2017), estrenadas en las principales salas con rotundo éxito de público.

Gutiérrez Acha empezó como reportero medioambiental de forma autodidacta, redactando artículos y tomando fotos que publicaba en las principales revistas especializadas de principios de los años ochenta, entre ellas Quercus. Una década después, contando ya con el reconocimiento del sector en forma de varios galardones, empezó “de modo precario, con una cámara de cine de segunda mano”, a acercarse al documental de naturaleza. Le fascinaban los relatos de Félix Rodríguez de la Fuente, de quien se considera, en cierto modo, heredero.

Nació así El latido del bosque (1997), un documental sobre el Parque Natural de los Alcornocales de Cádiz y Málaga y el primer encargo de National Geographic a un director español para rodar en España. Con la BBC hizo El diablo de los matorrales (2000), un documental sobre el meloncillo, uno de los animales más violentos de la fauna ibérica. El mismo año trabajó de nuevo con National Geographic en Blindados en la noche (2000), un largo sobre escorpiones y otros artrópodos armados.

En 2010 saltó al cine con Entrelobos, la historia, basada en hechos reales, de un niño criado por lobos en un entorno salvaje. Gutiérrez Acha dirigió la Unidad de Naturaleza de Radio Televisión Española que rodó en el parque El Parque Natural Sierra de Cardeña y Montoro, en Córdoba. En 2014 llegó Guadalquivir, el primer largometraje documental de naturaleza nominado a los Premios Goya, y en 2017 Cantábrico, una de las mayores producciones sobre naturaleza ibérica realizadas hasta la fecha y también nominada en la categoría de Mejor Película Documental de los Premios Goya.

Pronto verá la luz Dehesa, que muestra este ecosistema –explica Gutiérrez Acha– cómo “un bosque artificial, fabricado, en el que la fauna salvaje y el hombre pueden caminar juntos”.

“España es una fuente inagotable de recursos para un documentalista de naturaleza, estamos en el país con la mayor biodiversidad del continente europeo”, ha recordado el cineasta en su discurso. “Los documentales de naturaleza son un importante medio de difusión y una herramienta fundamental para conocer mejor el mundo en el que vivimos. Esta base de conocimiento constituye la primera piedra para avanzar en su conservación”.

Jurado

El jurado de esta edición ha estado presidido por Rafael Pardo, director de la Fundación BBVA, y ha contado como vocales con Araceli Acosta, jefa de prensa del Ministerio para la Transición Ecológica; Caty Arévalo, directora de comunicación del Ministerio para la Transición Ecológica; Miguel B. Araújo, profesor de investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC);  Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España; Javier Gregori, redactor jefe de Ciencia y Medio Ambiente de la Cadena SER; Eulalia Moreno, profesora de Investigación de la Estación Experimental de Zonas Áridas (CSIC); María Teresa Tellería, profesora de investigación del Real Jardín Botánico (CSIC); y Antonio Vercher, Fiscal de Sala Coordinador de la Fiscalía de Medio Ambiente y Urbanismo.