CONTRIBUCIÓN
El Elephant Crisis Fund, un fondo con el que la organización Save the Elephants financia proyectos de conservación promovidos por las comunidades locales de 34 países africanos, ha recibido el Premio Mundial a la Conservación de la Biodiversidad por su labor pionera para preservar a los paquidermos. Este proyecto se concibió inicialmente con el fin de atajar la crisis del marfil y, con la culminación de estos esfuerzos hace siete años, ha pasado a abordar las que ahora son las dos amenazas principales para los elefantes: la preservación de su hábitat y la coexistencia segura con los humanos. Para lograrlo, resulta fundamental fortalecer a las propias comunidades que viven en torno a estos animales, que se convierten en aliadas imprescindibles para su conservación.
Con la ciencia y la colaboración como pilares esenciales, en 1993 la organización Save the Elephants nació en Kenia para investigar la ecología y el comportamiento de los animales y desarrollar estrategias para su conservación a lo largo del continente africano. Dos décadas más tarde, la organización estableció un fondo específico, el Elephant Crisis Fund, destinado a financiar pequeños proyectos de conservación promovidos por las comunidades locales de 34 países del continente, que en ocasiones sirven de ensayo para atraer una financiación mucho mayor.
«Los grandes inversores muchas veces están dispuestos a donar millones de dólares para una estrategia concreta, pero aún no saben si funciona —argumenta Frank Pope, CEO de Save the Elephants—. Así que nosotros financiamos un proyecto de, pongamos, 50.000 dólares a modo de prueba, sabiendo que puede catalizar una inversión mucho mayor si tiene éxito».
El Fondo se diseñó inicialmente para abordar la crisis del marfil, que durante siglos había supuesto la mayor amenaza para los elefantes. Aunque el comercio de marfil se prohibió a nivel internacional en 1989, seguía existiendo una red de comercio ilegal que, según estima la organización, solo entre 2010 y 2012 mató a 100.000 elefantes, un cuarto de la población en aquel momento.
Así, el Fondo se planteó como apoyo para aquellas organizaciones locales que Save the Elephants había identificado como las más eficaces a la hora de proteger a estos animales de la crisis del marfil, proporcionándolas no solo financiación, sino el conocimiento más avanzado sobre tecnologías y otras técnicas para acabar con la caza ilegal, el tráfico de elefantes y la demanda de marfil. Además, fue la primera organización en llevar a juicio en Estados Unidos a traficantes que, hasta entonces, se aprovechaban de las trabas internacionales y la corrupción de los sistemas judiciales en África para evadir la justicia.
«Viajamos continuamente a los países con los que trabajamos, escuchando las ideas de unas comunidades para proponérselas a otras y así compartir el mejor conocimiento», explica Pope. Otra de las claves de su éxito es la rapidez: promueven propuestas breves que se evalúan mensualmente y, una vez adjudicadas las ayudas, la financiación se materializa en un par de semanas.
Estos esfuerzos culminaron en 2018, cuando China, hasta entonces el principal mercado de marfil, dejó de promover el comercio doméstico de este material. El trabajo que Save the Elephants había realizado en paralelo consiguió, por ejemplo, aumentar significativamente la población de elefantes en Chad, con 127 crías en 2018 frente a solo una en 2011. La organización se planteó cerrar el Fondo, pero finalmente decidió aprovechar la vasta red de contactos que había construido para seguir monitorizando el tráfico de elefantes y abordar el que ha pasado a ser el reto principal para estos animales: la coexistencia con los humanos.
Los elefantes llegan a romper tanques de almacenamiento de agua en las áreas menos lluviosas, lo que motiva la búsqueda de venganza por parte de las tribus que allí habitan. Pero el mayor conflicto afecta a las áreas más húmedas, donde las comunidades viven de la agricultura de subsistencia. «Los elefantes no saben lo que es un campo de cultivo, así que llegan a un maizal y en una tarde pueden arrasar con la comida de una familia entera —alega Pope—. Aunque a esa familia antes le gustaran los elefantes, se vuelve en contra de ellos de repente para intentar protegerse. De hecho, se convierte en un problema político, porque los elefantes pasan a representar a la vida silvestre en general, y la gente se empieza a preguntar ¿Por qué te importan más estos elefantes que las personas? Entonces la gente se vuelve en contra no ya de los elefantes, sino de la naturaleza en general, si no eres capaz de abordar el problema».
De ahí, explica el CEO, surge la necesidad de desarrollar herramientas sostenibles que empoderen a la comunidad para lidiar con el problema de manera autónoma. Los elefantes son una «piedra angular» de los ecosistemas, según Pope, ya que esparcen semillas, encuentran agua y abren caminos de los que otras especies se benefician. Por ejemplo, la reserva natural keniana Masái Mara se caracteriza por las amplísimas llanuras que recorren los guepardos y los leones: «El aspecto de esta zona sería completamente distinto de no ser por los elefantes y el fuego —explica Pope—. Estas dos fuerzas son las que mantienen el paisaje abierto y esas llanuras de hierba corta que hacen famosa a la región, que además tiene la mayor biodiversidad del planeta en sus ecosistemas».
Para mitigar el conflicto con los humanos, la organización premiada ha diseñado lo que llaman una caja de herramientas, que aúna el conocimiento sobre estrategias que evitan o disminuyen los choques entre personas y elefantes. Ante el reto de tener una vasta experiencia acumulada a lo largo y ancho del continente, pero poca comunicación entre los grupos que han desarrollado este conocimiento, Save the Elephants decidió aprovechar su red de contactos para poner en común esta sabiduría y plasmarla en una guía visual dirigida, principalmente, a los líderes de las comunidades que viven en las áreas afectadas, así como a las ONG que trabajan día a día sobre el terreno.
Además, la organización constata que la clave está en la prevención antes que en la mitigación. «Una vez que tienes el conflicto, es muy difícil de parar. Si construyes un poblado en un corredor de elefantes, los animales van a seguir pasando por ahí, pero ahora atravesando esa población con el riesgo de que ataquen a sus habitantes —argumenta Pope—. Entonces, es clave planificar los desarrollos urbanísticos y de campos de cultivo para que no se sitúen en los corredores por los que pasan los elefantes. Dejar partes del terreno libres para los elefantes evita muchos conflictos».
La organización también se ha ocupado de promover proyectos enfocados a mejorar la percepción de los elefantes en las comunidades locales de manera directa. Colaboraron con los directores de cine Victoria Stone y Mark Deeble para producir el documental Reina de elefantes (The Elephant Queen) sobre los elefantes y su ecosistema. Apple compró el documental y, con esos fondos, Save the Elephants montó un cine móvil, formado por un camión especializado, una pantalla inflable y un buen sistema de sonido, para llevar el documental a diferentes comunidades en Kenia.
«Muchas de estas personas nunca habían visto una película, ni mucho menos un documental. Pero estas proyecciones atraen a cientos de personas», destaca el CEO de la organización. Aunque el impacto real de esta iniciativa es complicado de medir —y por eso no la financian con el Fondo premiado—, los datos que han podido recopilar sí apuntan a que contribuye de manera significativa a cambiar las actitudes de las personas, al menos durante seis meses después del visionado. «Pero nuestro instinto nos sugiere que el efecto es mucho mayor de lo que hemos sido capaces de medir empíricamente», apunta Pope.
«Nos guía el concepto de Una Sola Salud —continúa el CEO—. Si la gente sufre malnutrición o los niños no pueden ir al colegio, no se van a preocupar por los elefantes. Por eso, parte de nuestro trabajo consiste en empoderar a las comunidades». Promover cultivos que no comen los elefantes, establecer la venta de productos de artesanía como sustento y fortalecer los sistemas judiciales son maneras de fomentar también la conservación de los elefantes, alega Pope. «La población africana es la que más rápido está creciendo a nivel mundial. Con su desarrollo, cambia el paisaje, y los elefantes están en medio de todo esto. Tenemos ahora la oportunidad de lograr que las necesidades de los elefantes también se tengan en cuenta para que su prosperidad no entre en conflicto con la de los humanos», concluye.
Foto: © Will Burrard-Lucas