CONTRIBUCIÓN
De ser un ave común en las cuencas del Danubio o el Ródano, y criar en paisajes rocosos de Alemania, España, Italia o Suiza, así como de Turquía o Siria, el ibis eremita desapareció del medio natural, con la excepción de un último reducto en Marruecos. El Centro de Conservación de la Biodiversidad Zoobotánico de Jerez-Alberto Durán —institución pública dependiente del Ayuntamiento de esta localidad— ha logrado la reintroducción de la especie en la comarca de La Janda (Cádiz) y ha puesto las bases para la recuperación de una población migratoria entre España y Austria. Estos importantes hitos le han valido el Premio a la Conservación de la Biodiversidad en España.
El ibis eremita, un ave de color negro, pico largo curvado y un característico cráneo que explica su otro nombre (ibis calvo del norte) pasó de estar presente en todo el norte de África, Oriente Próximo, el sur de Europa —incluida España— y Europa Central a vivir en libertad exclusivamente en Marruecos, donde permanecen unos setecientos ejemplares sedentarios distribuidos en los parques nacionales de SoussMassa y de Tamri.
«El ibis eremita es un ave que vive en grupo, pasa mucho tiempo en el suelo y se alimenta fundamentalmente de insectos que extrae con su largo pico. Por este motivo, su hábitat ideal son los pastizales —explica Miguel Ángel Quevedo, uno de los veterinarios que coordina el Proyecto Eremita en el Zoobotánico de Jerez (ZBJ)—. En los últimos cincuenta años ha sufrido un declive del 90 por ciento de su población mundial a causa de la persecución directa, los pesticidas y los cambios en el uso del suelo, que con el tiempo han convertido los pastizales en campos de cultivo».
Esta situación hizo saltar las alarmas por parte de los organismos internacionales implicados en la conservación. En una reunión de expertos celebrada en Marruecos en el año 1999, y bajo los auspicios del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, se creó el International Advisory Group for the Northern Bald Ibis (IAGNBI). Aquel encuentro puso de manifiesto que era necesario investigar las técnicas de liberación más adecuadas con el fin de obtener poblaciones sedentarias, estables y autosuficientes de ibis eremitas en áreas potencialmente favorables para la especie. Paralelamente, en la década de los 90, la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA, por sus siglas en inglés) puso en marcha un programa de cría ex situ, pues «se daba la paradoja de que mientras que el ibis eremita se extinguía en el medio natural, había entre 1000 y 1500 ejemplares en zoos de todo el continente», relata Quevedo. A este esfuerzo se sumó el ZBJ mediante la creación de una colonia reproductora que pudiera convertirse, llegado el momento, en el punto de partida para la reintroducción de la especie en el medio natural.
El impulso final llegó en 2003, cuando en una reunión del IAGNBI en Innsbruck se constató que el sur de España era una zona potencialmente favorable, dado que esta especie anida en acantilados costeros y de interior. En 2004, otra reunión del grupo de expertos celebrada en Madrid discutió el Plan de Acción del Ibis eremita y dio el pistoletazo de salida al Proyecto Eremita.
El ZBJ escogió la comarca de La Janda, en Cádiz, y la colaboración del Ministerio de Defensa permitió la instalación de un aviario en un extremo del área militar del Retín, cercana a Zahara de los Atunes. La Junta de Andalucía cofinanció el estudio de los métodos de liberación, que contó con el asesoramiento científico de la Estación Biológica de Doñana (CSIC).
La institución jerezana —que durante una década había creado una colonia reproductora y genéticamente diversa en cautividad— realizó primero un estudio de impacto ambiental y a continuación puso en marcha el proceso. «Las personas que intervenían en la cría en cautividad usaban un casco con forma de ibis eremita y camiseta negra, porque así lográbamos que las crías guardasen recuerdo de ellas con ese atuendo, pero no las reconocieran cuando se lo quitaban —señala Quevedo—. Esto era importante porque no queríamos que, una vez en libertad, las aves se fueran hacia cualquier ser humano con el que se cruzaran, pero sí que, mientras estaban disfrazadas, las siguieran para su expansión por la zona una vez que abríamos el aviario». Las aves eran liberadas entre 4 y 8 meses después de su ingreso en el aviario del Retín, lo que reducía considerablemente la mortandad juvenil. Además, un buen número de ejemplares portaban radioemisores para su seguimiento en la naturaleza. A partir de 2004, el ZBJ crió, liberó al medio y monitorizó unos 30 pollos al año. Este esfuerzo logró, en 2008, un hito fundamental y sin precedentes: la primera reproducción en la naturaleza de aves nacidas en cautividad.
En 2012 el proyecto entró en la siguiente fase gracias a la colaboración de la EAZA. Más de treinta zoos de Alemania, Austria, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Reino Unido, República Checa y Suiza comenzaron a enviar juveniles al Proyecto Eremita. «Esto nos permitió introducir 60 pollos cada año, logrando la integración entre ejemplares del ZBJ y de Europa», señala Mariano Cuadrado, biólogo conservador y otro de los líderes del proyecto. A esta integración contribuyó la construcción en 2018 de un nuevo aviario de aclimatación y suelta en la zona de San Ambrosio, entre Vejer y Barbate. «Este aviario se encuentra justo en una de las zonas de campeo y alimentación de los ibis, por lo que, desde el primer momento, los individuos del aviario tienen contacto visual y acústico con las aves de libertad, algunas de las cuales llegan a dormir sobre la estructura del aviario», refiere Miguel Ángel Quevedo.
«Desde 2014, cada año nacen entre 35 y 55 pollos en libertad, de manera que ya tenemos una población sedentaria y estable —constata Mariano Cuadrado—. Pensamos, lo estamos evaluando, que ya es autosuficiente, es decir, que nacen más individuos de los que mueren. Hemos dejado de introducir pollos criados en cautividad para poder confirmarlo», añade. El número de parejas reproductoras y de pollos nacidos en libertad se incrementa cada año, y en 2024 se registraron 32 nidos distribuidos en 3 colonias que dieron lugar a 64 nacimientos.
Paralelamente al Proyecto Eremita, existía un proyecto de reintroducción del ibis eremita desarrollado por el Waldrapp Team, un grupo de expertos austriacos. El objetivo era el asentamiento de una población migradora entre Austria y la región italiana de la Toscana, para lo cual se realizaba una migración guiada por humanos usando un ultraligero hacia los cuarteles de invierno. Una vez allí, en la primavera siguiente, las aves deberían volver a su lugar de nacimiento para criar. Sin embargo, esta iniciativa sufrió diversos contratiempos, lo que impidió su desarrollo satisfactorio en los últimos años.
Sin embargo, en 2022, un ave nacida en cautividad y liberada en Austria por el Waldrapp Team (un macho de nombre Ingrid) apareció en Cártama (Málaga). Había recorrido más de 2000 km. Así, se planteó la unión de los dos proyectos cambiando el destino de las aves (el sur de España en lugar del norte de Italia). En agosto de 2023 se realizó la primera migración guiada desde Austria a Cádiz. Fue un largo viaje de aproximadamente 2200 km en más de 20 etapas. Las aves llegaron a San Ambrosio en octubre de 2023. «La población de La Janda es sedentaria, pero ya hay dos ejemplares que han hecho el camino tanto de ida como de vuelta, con lo que podríamos recuperar una población migratoria», señala Quevedo sin ocultar su expectación.
La reintroducción del ibis es, en palabras de Cuadrado, «la culminación de años de trabajo con especies ibéricas amenazadas: el lince ibérico, la espátula, el alimoche, el quebrantahuesos, la cerceta pardilla y el cernícalo primilla, entre otros». Tal y como afirma Maher Mahjoub, director del Centro de Cooperación para el Mediterráneo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, esta exitosa labor de conservación ha convertido al ZBJ en «un referente internacional» en proyectos de cría de especies amenazadas. «Nuestra mentalidad —resume Quevedo— no es tener animales para su exhibición, sino para la conservación».
Foto: cedida por el Zoobotánico de Jerez