CONTRIBUCIÓN
Carlos Fresneda Puerto (Madrid, 1963) es corresponsal medioambiental en París de El Mundo. Hace seis meses llegó a la capital francesa, que considera un referente por su transformación verde, aunque anteriormente trabajó en Londres, Nueva York y Milán para ese mismo diario. Su labor periodística destaca por su énfasis en los temas medioambientales, tal y como señala el acta del jurado. Por ser un pionero en la divulgación ambiental y servir de altavoz tanto a científicos como a un amplio abanico de figuras del mundo de la conservación medioambiental, difundiendo iniciativas vanguardistas que contribuyen a la mejora de nuestro planeta, recibe el premio en la modalidad Difusión del Conocimiento y Sensibilización en Conservación de la Biodiversidad en Español.
El periodista vivió su infancia en Carabanchel («en la calle del Campo, porque entonces la ciudad acababa realmente allí», apunta el galardonado), donde, a pesar de estar rodeado de un entorno mayoritariamente urbano, siempre se vio atraído por el medio ambiente. Cuando inició su carrera en la sección de Local en El País, aún no existía una conciencia generalizada hacia los temas ambientales. Fresneda cita a Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid del 79 al 86, como precursor del urbanismo sostenible: «Yo asistí a la demolición del scalextric de Vallecas, a la llegada de los patos al Manzanares o a la protección del monte de El Pardo». Su querencia por la naturaleza, potenciada a través del contacto que tenía con Adena (hoy WWF/Adena) y la CODA (lo que ahora es Ecologistas en Acción), le llevó a escribir sobre temas medioambientales: «Fue entonces cuando vi claro que había un campo por explorar en periodismo, mientras seguía muy pendiente del día a día en la información local».
Fresneda se unió en 1987 al equipo fundador de El Mundo, donde coincidió con Gustavo Catalán Deus (galardonado previamente con este mismo premio), al que considera su mentor y quien le sirvió de inspiración para escribir sobre la naturaleza. Así, compaginó la frenética labor de corresponsal con un periodismo focalizado en los temas del medio ambiente. De esta forma hace balance de su trayectoria como corresponsal: «He tenido la mala suerte de que allá donde iba se acababa complicando la situación. En Italia, por ejemplo, me tocó una etapa muy conflictiva con los asesinatos de la mafia de Borsellino y de Falcone, pero también asistí al nacimiento del movimiento Slow Food con Carlo Petrini».
Las noticias medioambientales, asegura, le han servido de antídoto para no convertirse «en el triste notario del día a día». Reconoce que la intensidad informativa y la actividad dramática que atraviesa el siglo XXI desde el 11-S hace difícil mantener viva la llama ambiental, pero recuerda: «El medio ambiente es la vida misma; es el aire que respiramos, el agua que bebemos o el alimento que comemos». Ahora existen, según el corresponsal, cuatro grandes problemas ambientales a los que hay que hacer frente: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación atmosférica en las ciudades y la contaminación por plásticos en los mares. «Intento enfocarlos hacia el lado de las soluciones y a contar historias personales», asegura.
Algunos de los reportajes sobre los protagonistas de la actualidad medioambiental los escribió para el suplemento «Natura» de El Mundo; otros los publicó en su blog Ecohéroes, integrado en la web del mismo periódico. Entrevistó a científicos como el químico atmosférico James Lovelock, la bióloga marina Sylvia Earle o el climatólogo James Hansen —pionero en alertar sobre el cambio climático—, y a activistas como Paul Hawken o George Monbiot.
De las más de cien personas a las que llama ecohéroes, Fresneda destaca incontables aprendizajes. Jane Goodall, a la que pudo entrevistar durante la pandemia, le dio una «lección magistral: Me dijo que perder la esperanza es rendirse y claudicar, un mensaje que me llegó mucho». Edward O. Wilson (Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación en 2010) dejó una huella muy profunda en el periodista: «Fui a visitarlo dos veces a la Universidad de Harvard y me marcó mucho con su libro Medio planeta, en el que propone dejar la mitad del territorio en estado totalmente silvestre para conformarnos solo con la otra mitad». Por último, elogia al español Joan Carulla: «Hace una labor increíble, casi anónima; es el precursor de los tejados verdes en España. A sus 102 años lleva más de cincuenta cultivando su azotea en Barcelona, que parece una isla verde en pleno centro de la ciudad».
Además de su trabajo en la prensa, es autor de una trilogía ambiental literaria compuesta por La vida simple (1997), Ecohéroes: 100 voces por la salud del planeta (2020), y Un siglo verde (2023). Ahora contempla un nuevo proyecto: la escritura de un libro llamado La ciudad posible, para el que quiere recorrer varias urbes que están marcando el futuro no solo en el norte global, sino en América Latina (Medellín, Curitiba), África (Freetown) y Asia (Singapur, Chengdú).
Preguntado por la mayor dificultad a la que se ha enfrentado como periodista medioambiental, señala la falta de espacio dedicado por los medios a estos temas: «Parece que el mundo climático solo interesa cuando hay un desastre y cuesta darle continuidad en los medios. Es especialmente difícil encontrar un espacio para contarlo desde el punto de vista de las soluciones, porque se sigue pensando que si no son malas noticias, no son noticias». Por ello, el corresponsal reivindica la vuelta de suplementos ambientales como los que tenían los periódicos antes de la crisis de 2008.
Paralelamente, Fresneda considera que el mayor reto, tanto de la ciencia como del periodismo científico, es la creciente desinformación que se propaga por las redes. Opina que el descrédito que sufren los científicos a manos de políticos populistas denota que el planeta está pasando «por un momento sombrío », marcado por la renuncia de Estados Unidos a los grandes acuerdos climáticos y tratados. «Es muy difícil luchar contra esto cuando hay meteorólogos que están siendo amenazados de muerte por hablar del cambio climático. Se trata de una situación muy preocupante», afirma. Sin embargo, reivindica que sigue habiendo «luz al final del túnel y, sobre todo, gente que hace una labor que, tarde o temprano, acabará dando sus frutos».
Foto: Miguel Fresneda